A medida que voy completando el recorrido voy sintiendo un no sé qué de atemporalidad. Soy testigo de diferentes períodos de la historia conviviendo pacificamente en un mismo tiempo. La humanidad es todos los períodos de su historia simultaneamente, desde la edad de piedra hasta esta nueva inocencia que es la actualidad.
Bajo por Rivadavía hasta el boulevard. Los modernos departamentos, la iglesia colonial, las casas imponentes de la barranca, con amplios jardines y terrazas a la calle, muestran distintos estilos de arquitectura consagrada al lujo y la bonanza. Todos ocupando amplios terrenos que los poderosos codician para construir edificios, para luego revender. Derriba y trinfarás es la moneda del municipio. Después del boulevard un friso de casas bajas, diferentes entre sí, unas mas modestas, otras menos, se debaten en primitivas formas de apilar el material, en cubos, en triángulos y por detrás, la pobreza desnuda y el desorden, la rueda, el fuego y la nada.
En las antípodas del mundo, el otro corredor, incanzable, el río.